Este proyecto comenzó con una petición clara: transformar un dormitorio pequeño, desactualizado y sin alma, en un espacio funcional, acogedor y con identidad. Su propietaria deseaba un entorno donde desconectar durante sus escapadas a la playa, con una atmósfera relajada, fresca y muy personal. Y así lo hicimos.
El dormitorio tenía una distribución limitada y carecía de elementos que invitaran al descanso. La decoración antigua, los tonos fríos y la falta de funcionalidad hacían que el espacio no se disfrutara plenamente. Lo primero fue entender cómo quería sentirse su dueña al entrar en esta habitación: ligera, conectada con el entorno y con un rincón que hablara de ella.
Las paredes, en un verde suave ya existente, marcaban el punto de partida del diseño.
Como la clienta deseaba conservar ese color, enfoqué toda la decoración en armonizar con él, potenciando su frescura y conexión con la naturaleza. La ropa de cama con estampado tropical añadió un toque dinámico y veraniego, reforzando esa sensación de descanso y libertad.
Uno de los elementos más especiales fue un cuadro con la Hamsa, pintado a mano por la propia clienta. Esta pieza no solo añade un toque artesanal y único, sino que aporta significado y energía protectora al espacio.
Aunque el espacio era reducido, cada elemento fue pensado con un propósito. Las estanterías flotantes permiten almacenar sin saturar, manteniendo el orden visual y energético.
Las plantas, la escalera de bambú y los tejidos en tonos cálidos como el mostaza o el burdeos aportan texturas y sensaciones que equilibran la estancia. Todo respira sencillez, sin dejar de ser acogedor.
En esta habitación de playa, la luz natural entra con fuerza durante todo el día. Por eso, uno de los retos fue trabajar con la decoración para que reflejara la luminosidad sin llegar a deslumbrar o crear un ambiente demasiado frío. Elegí textiles y acabados que equilibraran esa luz, manteniendo la frescura sin perder calidez.
Instalamos una cortina de visillo en color claro que tamiza la luz sin bloquearla, suavizando la atmósfera del dormitorio. La decisión de colocarla desde el techo hasta el suelo —aunque la ventana no llegue hasta abajo— no fue solo estética: alarga visualmente la pared, aporta elegancia y da al espacio una presencia más serena y envolvente.
Este dormitorio, aunque pequeño, se ha convertido en un verdadero refugio personal.
Cada rincón ha sido pensado para ofrecer confort y funcionalidad sin renunciar al estilo. Ahora, su propietaria disfruta de un lugar que le permite reconectar, descansar y sentirse en casa.
Un espacio con alma, creado desde el interior.