Salón equilibrado y armonioso con tonos neutros, luz natural y elementos que transmiten calma según el Feng Shui

¿Cómo se siente un espacio equilibrado y armonioso?

¿Qué significa para mí que un espacio esté equilibrado?

Hoy vengo a hablarte sobre cómo se siente un espacio equilibrado y armonioso.
Para ello, primero quiero contarte qué significa para mí que un espacio esté equilibrado.

Desde que me introduje en el mundo del feng shui —sí, el feng shui es un mundo muy amplio, mucho más allá de lo que podemos ver o escuchar en redes sociales sobre tips y consejos rápidos— se abrió para mí una nueva puerta a la hora de decorar un espacio.

En este momento, cuando veo un espacio, mi mente se va directamente a cómo están representados los cinco elementos. Para mí, esta es una base esencial cuando no tienes el plano de estrellas voladoras de tu hogar.
Digo mi mente porque es una forma gráfica y visual de representar colores, mobiliario y formas dentro de un espacio.

Pero muchas veces no es la mente la que responde primero.

El cuerpo como primer sensor del espacio

Muchas veces mi cuerpo siente rápidamente cómo está el espacio. Y eso ocurre porque cada elemento tiene una emoción que se manifiesta en nuestro cuerpo.

Antes de empezar con el feng shui, siempre intentaba que los espacios no estuviesen cargados en exceso de materiales o colores que nos hiciesen sentir pesados. Nunca hice espacios completamente llenos de muebles de madera oscura, ni paredes pintadas en rojo o azul eléctrico.

Sabía, aunque no lo supiera explicar, que eso influía mucho en nuestro estado de ánimo.

Y es que pasamos más del 90 % de nuestro tiempo en espacios cerrados, ya sea en el trabajo o en nuestro hogar.
Así que sí, es fundamental prestar atención a cómo está un espacio, porque eso nos afecta directamente.

Ajustar, no transformar: la base de un espacio equilibrado

Cuando empecé y calculé mi mapa de estrellas voladoras, me di cuenta de que la base que tenía era buena.
Solo necesitaba ajustar pequeños detalles para que todo quedase armonizado y equilibrado.

Siempre intento conectar con mi emoción y con cómo me hace sentir mi hogar. Sobre todo cuando llegan los cambios de estación: cuando toca poner las mantas de invierno o cambiar los cojines del sofá porque estamos en verano y el cuerpo nos pide un textil más fresco.

Teniendo como base el plano, se puede ir ajustando cada temporada con pequeños detalles.

Por eso, siempre recomiendo que cuando nos enfrentamos a comprar muebles que van a durarnos muchos años, no tengan un peso excesivo, porque ese peso nos va a acompañar siempre.
En cambio, en los pequeños toques de decoración sí podemos jugar con colores y cambios.

Vivimos rápido, pero el cuerpo no va al mismo ritmo

Vivimos en un momento súper acelerado, donde a veces acaba el día y ni siquiera nos hemos parado a pensar cómo nos sentimos o cómo nos encontramos dentro de un espacio.

Y creo que es fundamental poner foco ahí.
Porque si no lo hacemos, el cuerpo empieza a dar señales de que algo no está bien, pero nuestra mente acelerada les quita importancia. Y ahí es donde está el problema.

Pensamos que los espacios son simplemente lugares donde estar encerrados, pero son mucho más que eso.

El hogar como refugio energético

El hogar es nuestro refugio después de un día de trabajo y estrés fuera de casa.
Es nuestro lugar protegido, donde invitamos a nuestros seres queridos y celebramos la vida.

Y todo esto afecta a nuestro cuerpo, a nuestro día a día y, sobre todo, a nuestra salud, aunque muchas veces no lo creamos.

Cuando mis clientas me mandan fotos de sus espacios y me explican cómo se sienten en ellos, automáticamente entiendo que todo parte del espacio. Enseguida relaciono estados de ánimo con el espacio, con los elementos que pesan más, con el exceso de colores o con el desorden.

Acompañar el proceso, no solo decorar

Yo no ofrezco un servicio de decoración al uso, ni de ajustar un espacio únicamente a la combinación de estrellas que tiene.
Mi forma de trabajar es más parecida a la de una coach: estamos hablando constantemente de cómo se siente la persona, de cómo siente las propuestas y de cómo responde su cuerpo.

Les ayudo a conectar para que el espacio realmente les complete y les equilibre.

Y nunca me olvido del resto de habitantes del hogar. Porque aunque yo esté hablando solo con una persona, si en esa casa viven más, todos tienen que sentirse bien en el espacio.

Volver a sentir la casa

Por eso, con todo el caos en el que estamos inmersos, te propongo algo muy sencillo pero muy necesario: intentar —y forzarnos un poco— a sentir.

A conectar con nuestra casa.
Porque la casa no son simples paredes.

Es nuestra burbuja de recarga energética, la que nos permite enfrentarnos al día siguiente con más ganas y más fuerza.

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